lunes, 24 de abril de 2017

De cabeza: Los sufridores (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Los sufridores


Un sufridor que sabe dar los golpes oportunos. Alguien que aguanta el ninguneo, la intromisión del último en llegar, los faroles, el acoso. Un sufridor con una memoria que se activa a su antojo. Alguien que, cuando el tiempo apremia, prefiere primero guardar la ropa y nadar aunque no haya tierra a la vista. Un fajador que se abraza al rival no para pedir clemencia sino para susurrarle al oído que puede aguantar un derechazo más. Ese el Oviedo.
Entramos en la etapa de las cuentas de la lechera. Entramos en una recta saturada de peajes. Si en Segunda cualquiera puede reclamarte lo que cree que es suyo, independientemente de su clasificación , ahora te lo quitan sin ningún tipo de protocolo. 
El UCAM Murcia podrá no tener historia pero a esto se juega siempre en presente. Que nos lo pregunten a nosotros: sufridores que, si nos encontrásemos con una goleada a nuestro favor, nos pesaría como la típica chabacanería de nuevo rico. Ganamos 2-0 y ya tememos pagar por los excesos. Por algo Borja Domínguez marcó en el momento en que nos recordábamos que el siguiente partido es el domingo a las seis y contra el Lugo.
Nadie sabe cómo acabará esto pero que nadie me pregunte por el juego. Que me pregunten por los golpes dados y por los golpes recibidos. Lo peor de todo no es perder. Lo peor de todo es olvidar cómo ganaste. Pero a quién le va a importar si después de contar segundos fuera nos levantamos de la lona. Los partidos a ida y vuelta son como combates. De momento saltamos la comba. Hacemos sombras. Como el futuro no se puede anticipar y el presente hay que vivirlo, sorberlo a tragos, especulo con un mundo paralelo: un mundo en el que Toché, como si fuera un personaje de Hemingway, sentado al fondo de un bar, le cuenta a quien quiera escucharle que él marcaba goles como quien caza para sobrevivir. Que él volvía de un viaje y el Oviedo le preguntó por la hora de partida.
Y que el peso de las palabras no afecten a las piernas: no se ha jugado ninguna final y lo que quedan son partidos que valen tres puntos.
La épica está reñida con el hábito. No se puede jugar una final todas las semanas. Tras una final se abre un vacío inmenso, ganes o pierdas. Es el vacío del miedo: a no levantar cabeza o a que se te vaya para siempre. Contra el Lugo son tres puntos. Sin miedo y sin peso extra en los tobillos. Si se pierde habrá otra esquina por doblar. Aunque el calendario ya prepare su último aliento, aún nos queda aire por respirar. ¿No era eso el talento?¿Un cincuenta por ciento de inspirar? ¿Un cincuenta por ciento de expulsar?



                    Fernando Menéndez

martes, 18 de abril de 2017

De cabeza: Los escritores (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Los escritores


Sabemos que la vida y el mundo son una sucesión de historias. Es en lo que coincidimos, por ejemplo, un cazador siberiano y yo mismo. El cazador arrastra su relato allá donde va y yo llevo el mío a las espaldas con la resignación o la alegría que correspondan a cada momento. La diferencia entre el pasado y  el presente estriba en que, antaño, importaba qué historia se contaba y ahora sólo nos preocupa quién es su autor o en su defecto quién la narra. Vivíamos arropados por el paternalismo del narrador omnisciente, ese tipo que lo sabe todo de nosotros y coge de aquí y de allá para hablarnos de lo que quiere hablar. Vivíamos confiados en que un campeonato de liga era la epopeya de unos sucesos y no una autobiografía saturada de intimidades. En Oviedo creció la desconfianza como una voz en off que apuntillaba cualquier entusiasmo. La trama de estos días atrás señalaba una dirección deseada pero a la vez temida: el partido contra el Tenerife era una gran ocasión y de ocasiones aprovechadas y echadas a perder está repleta la realidad y la ficción.
Dice Muñoz Molina que, a veces, hay personajes que se le rebelan y no quieren asumir el destino que les tiene deparado. Si creyésemos en el destino, el juego importaría más bien poco; así que después de la extraña derrota del pasado domingo será mejor que olvidemos a los personajes que reclaman más protagonismo y confiemos en el juego: porque del juego venimos y al juego vamos.
En una de sus fascinantes y enigmáticas narraciones, Borges cuenta la historia de Pierre Menard, autor del Quijote, un escritor desconocido y un tanto pedante que decidió componer no otro Quijote (lo cuál es fácil, según él) sino El Quijote. Menard es un consumado maestro del relativismo y de la banalización; tiene la misión evidente de bajar los humos a los grandes propósitos y a los grandes episodios: "El Quijote es un libro contingente, el Quijote es innecesario".  En nuestro caso, el personaje de Borges lo va a tener más complicado. Se nos podrá enredar con la retórica de los puntos merecidos y los puntos inmerecidos, pero con todos mis respetos a Cervantes, la estirpe oviedista es homérica. No por lo épico, sino por la paciencia y los miles de vericuetos que, como Ulises, tomamos para regresar a Ítaca. Es imposible adivinar qué nos deparará la siguiente página: si un bufón, un asesino, una heroína, un guerrero o un sabio. El universo de la literatura está poblado de personajes y de escritores inolvidables. Sin ir más lejos, cuando en el estadio tinerfeño pusieron en duda la identidad de Jon Erice, el navarro debió invocar a Flaubert y decir: Madame Bovary c'est moi.



                   Fernando Menéndez

martes, 11 de abril de 2017

De cabeza: Las explicaciones (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Las explicaciones


Cuando el título de algo exige una explicación  pueden ocurrir dos cosas: o está mal titulado o se pretende llamar la atención. Explicar es enseñar la trastienda de un enunciado y sabemos que es en las trastiendas y no en los escaparates donde se encuentra el sentido de la vida. Cuando a Jota, el líder de la banda "Los Planetas", le preguntan por el sentido del título de su nuevo álbum: "Zona temporalmente autónoma", hace mención  a una obra titulada igual escrita por el ensayista Hakim Bey donde se anima a "liberar la propia mente de los mecanismos que han sido impuestos sobre ella". Cada vez que el Oviedo juega en el Tartiere cualquier mecanismo impuesto se libera a ritmo de goles (a balazo limpio, si utilizamos la imagen de Machín, entrenador del Girona). El estadio ovetense es nuestra zona temporalmente autónoma. Elementos opresores de los que liberarse hay tantos como rivales en el campeonato. Una lectura más ingenua de esa zona autónoma, más tradicional, hablaría de una arcadia, de un paraíso. Nadie quiere pensar que en el fútbol todo material es perecedero y nos agarramos al factor campo con la fe y el entusiasmo de los más creyentes. Mi zona temporalmente autónoma es afirmar a menudo que, yo, con respecto a la posibilidad de jugar la promoción de ascenso, sigo siendo escéptico; que con estar cada vez más lejos de los puestos de abajo ya me conformo; que hasta que no lo vea matemáticamente no me haré ilusiones. Se nota que lo mío nunca fueron los números: qué tendrá que ver la ilusión con las matemáticas. Es todo mucho más sencillo y contradictorio: cuanto más me cubro las espaldas, más deseo que suceda lo que niego. Pero mi capacidad de autosugestión es tanta, que si ustedes me preguntan, esgrimiré una gélida desconfianza. La realidad no la tengo de mi parte: parece que el Oviedo ya no está tan de paso por lo alto de la clasificación. El Girona vino a nuestra fiesta de cumpleaños con el objetivo de arruinarla. Y a punto estuvo. Fue un rival tan generoso y valiente que acabó honrando y colaborando con la celebración.
Temo liberar mi propia mente porque me pesa la historia y me intimidan las posibles ilusiones perdidas. Pero el equipo, y en especial Toché, se empeñan en desatar la rebelión en mi cabeza. Toché lo hace como se hacía en el fútbol de antes: encarnando al clásico nueve de toda la vida. Ese que, aunque con los tiempos ha adquirido la costumbre de trabajar en silencio, no ha perdido la capacidad de disimular que no está hasta que aparece en el momento oportuno.
Según Manuel Vázquez Montalbán (cuánto le debemos y no lo reconocemos suficientemente) el delantero centro fue asesinado al atardecer, así se titulaba una de las célebres novelas protagonizadas por el detective Carvalho. Pero ha resucitado porque los héroes populares siempre vuelven. Y lo ha hecho para confirmar con creces aquello de lo que se le acusaba: "habéis usurpado la función de los dioses que en otro tiempo guiaron la conducta de los hombres, sin aportar consuelos sobrenaturales, sino simplemente la terapia del grito más irracional".


               Fernando Menéndez

De cabeza: Envejecer (originariamente en La Nueva España

DE CABEZA

Envejecer


Me pregunto cuántos años se nos echan encima con cada derrota de nuestro equipo. La cuestión podrá resultar exagerada pero cuando uno se quita la camiseta al finalizar un encuentro que se ha perdido, la distancia entre las sienes y las mejillas se alarga y se ensancha por lo menos una semana. Dice Sami Khedira, el centrocampista de la Juve, que, para él, envejecer es mejorar. Trato de cobijarme bajo la convicción del futbolista alemán: en Vallecas padecimos un retorno al pasado que, paradójicamente, lejos de rejuvenecerlas, avejentó nuestras expectativas. La cita contra el Rayo desprendía el olor a chamuscado del entusiasmo prematuro. Se sucedían las llamadas a la prudencia y a la humildad: una manera disimulada de desear lo contrario de lo que se expresa. No me pondré apocalíptico pues a la liga le restan aún jornadas por cumplir pero el domingo los resultados se pusieron claramente de nuestra parte... Tal vez el Oviedo sea uno de esos autores policiacos que prefiere dar un rodeo con la trama antes de solucionar un enigma. No es cierto que el tiempo corra y calle. Ha perdido la discreción de antaño. Se desliza a gritos a través de nosotros y a nuestro lado. Nos enseña un horizonte para luego arrebatárnoslo delante de las narices. Dicen que el tiempo es eterno y me lo creo: no hay más que ver a Trashorras, el capitán del Rayo, sometiendo el fútbol a una demora; a la singular combinación de un pensamiento veloz con un gesto lento. Envejecer es convertir el cerebro en tus extremidades y tus extremidades en memoria. Ahora entiendo a Khedira y le doy la razón definitivamente: envejecer es mejorar. Quizás todo hubiera sido distinto si Borja y Torró se hubiesen parado en medio del trasiego para fijarse en la fértil y sabia senda de elefante que deja a su paso Trashorras, convertir al veterano jugador en un espejo. Cuando se pierde un partido lo mejor sería no quitarse la camiseta hasta la próxima ocasión. En tiempos de tormenta conviene no hacer mudanza.
Casi a la misma hora que el Rayo - Oviedo se jugaba el Barça - Valencia. Los recuerdos también son una herencia. Sabemos por su padre que el pasado domingo dos niños llamados Nicolás y Álvaro prefirieron el vagar desorientado de Michu a los revoloteos de Messi y Neymar. Son los hijos de Luismi, aquel defensa gallego que llegó en 2003 y peleó por los colores azules con el mismo ahínco que si hubiera nacido en el corazón de Vetusta.
¿Qué deporte es este en el que un jugador retirado emociona más que los fichajes de invierno? ¿Qué hemos perdido en este crudo envejecimiento de catorce años?
Si el Oviedo logra el ansiado ascenso a Primera no debería traicionar a la memoria e invitar a Luismi y a sus compañeros de la Temporada 2003 / 2004 a realizar el saque de honor de nuestro estreno en la élite. Ellos nos quisieron cuando sobrábamos en la ciudad. Es lo justo. Nicolás y Álvaro se merecen ver a su padre pisando de nuevo el césped del Tartiere.


                       Fernando Menéndez

Con Richard Ford (2) Originariamente en La Escena

EL APUNTADOR: CON RICHARD FORD (2)


A la mujer
que
se cruzó
conmigo
le
asomaban
un par
de
lágrimas
por
los ojos.
Unos
segundos
antes
Richard
Ford
le había
firmado
un libro.
Contra
la
emotividad,
contra
su abuso,
conviene
mantenerse
en guardia.
El
melodrama 
es
un género
comunitario,
un disgusto
edulcorado
por
la atención
del
público.
Un
reclamo
de
la justicia
universal
sea
como
sea
esta
última.
Pero
aquella
mujer
lloraba
cuando
se
cruzó
conmigo.
No era
un llanto .
Era
una alegría
discreta
cargada
de emoción.
Seguro
que
un golpe
de
memoria
y
corporeidad.
La coincidencia
de ambas
circunstancias
es 
como
una bola
extra,
una prórroga 
que se
concede
sin que
nadie
la haya
solicitado.
Aquella
mujer
lloraba
con
la misma
mansedumbre 
que
las primeras
lluvias
sobre
la tierra.
Con
su libro
en
la mano
convocaba 
la gratitud
implícita
en todo
aquél
que,
en más 
de
una ocasión,
sólo tuvo
la promesa
de
una buena
historia
que
llevarse
a
la boca.

domingo, 2 de abril de 2017

De cabeza : El protegido (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


El protegido


A veces sueño que soy como David Dunn, el protagonista de "El protegido" de M. Night Shyamalan. El personaje, interpretado por Bruce Willis, es el único superviviente, y sin un solo rasguño, de un catastrófico accidente de tren. A través de la trama y con el contrapunto de Elijah Price, personaje encarnado por Samuel L. Jackson, Dunn descubre que es un hombre con superpoderes. Su visión le permite saber con apenas el roce de un extraño, si ese individuo es un peligro o si está a punto de cometer un delito.
A veces sueño que soy como Dunn y que sólo con rozar la fecha del próximo partido del Oviedo sé lo que va a pasar y cuál va a ser el resultado. Soñé que, al poner los dedos sobre la pantalla o sobre la página donde aparecía el Numancia / Real Oviedo, veía un marcador de cero a cero; veía que sería el típico partido donde mejor no cambiar nada para que nada cambie.
De todos los ismos sobre los que se ha desarrollado la historia de la humanidad, el cerocerismo es el que menos fuego provoca.
En realidad, el cerocerismo  es un empate bajo cero. Un refugio sobre el que la posibilidad de un gol silba como una bala perdida. Dice Jon Erice que vivimos tiempos de sumar puntos y no de buscar un estilo. El cero a cero es un ensayo general, una toma falsa. Sé que que tiene repercusiones reales pero es como una sucesión de principios. Como si recitásemos la lista de los inicios de las novelas más anodinas de la literatura.
A veces sueño que soy como David Dunn, descuelgo el teléfono y le digo a Toché que se prepare para el minuto 27 de la segunda parte, pues marcará un gol de chilena. La perseverancia de un aficionado es la misma que la de alguien irrompible, con capacidad para regenerarse y levantarse después de cada tropiezo. Juega a vaticinar un futuro mejor y se rodea de sortilegios que lo protejan de las adversidades.
Quizás nada sea un sueño y la clave sea pasarse la vida mirando lo que sucede alrededor. Javier Pastore, el talentoso mediapunta del PSG, asegura tener consciencia de la distancia y del tiempo: "es saber a la velocidad que corre el defensor que viene a marcarte, si te viene rápido o te marca lento. Es raro. Voy en el coche y sé cuándo se va a poner rojo, cuándo me va a pasar otro coche... Voy a mi casa pasando todos los semáforos en verde. Voy pensando. Voy viendo que el semáforo de los peatones se puso rojo y..."
A veces sueño que soy como David Dunn. Toco suavemente los nombres de Rayo Vallecano y de Real Oviedo. Pero la distancia y el tiempo nunca coinciden. Si fuese así, qué fácil sería hacer pronósticos. Me fijo en los semáforos. Todos en ámbar.


                     Fernando Menéndez

martes, 28 de marzo de 2017

De cabeza:James Moriarty (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


James Moriarty


Lo más fácil y lo más habitual es plantear el fútbol como algo entre buenos y malos. Con la peculiaridad de que ambos papeles fluctúan en función de la camiseta que uno vista. En una liga juegan todos contra todos pero si diseccionáramos el campeonato en la mesa de un quirófano, comprobaríamos que podemos verlo como una sucesión de duelos particulares.
El Cádiz, sin ir más lejos, es el Moriarty del Oviedo. Aunque supongo que los gaditanos pensarán lo mismo de los azules. El profesor Moriarty es el archienemigo de Sherlock Holmes y la primera vez que Conan Doyle lo utiliza es en el relato "El problema final". Nunca se sabe cuándo un tropiezo se convierte en un castigo. No sospechaba Holmes lo que se le venía encima. El Cádiz apareció ante el Oviedo hace dos temporadas en el problema final que no era otro que la fase de ascenso a Segunda División. En estas ocasiones, más que el sustantivo, lo que pesa es el adjetivo. Aunque el oviedismo supiera que, de perder, habría otra oportunidad, no le seducía la idea de partir de cero por enésima vez. Para Holmes, su rival es una mezcla de inquietud y desafío, una mezcla que supone una cuerda floja; la posibilidad de que la mirada se nuble: bien por la impaciencia, bien por la audacia. Como las mejores rivalidades son las más íntimas, al partido del pasado sábado se le vistió de problema final transitorio, una contradicción en sí (aún restan bastantes jornadas), que serviría para encender los ánimos y comenzar a repetir ese tópico tan célebre de que cada encuentro es una final. Si además Moriarty se regodea en crueldades innecesarias, la trama se agudiza: el Cádiz, en aquel mayo ya histórico, cometió la vileza de privar a 155 oviedistas de acceder al Carranza para animar a su equipo. Tan villano de libro resulta ser que no ha esbozado ni el más mínimo gesto de culpa.
Se palpaba en el aire que, de obtener la victoria, podía ser un triunfo significativo: porque estamos en una etapa de asentar posiciones y por compensar el despropósito de marzo de 2016 con la visita del Valladolid. Aunque con Moriarty nunca se sabe, pues lo mismo se cae de una azotea al vacío a primera hora de la mañana y a las cinco de la tarde está esperándote para tomar el té. Esta vez, en vista del resultado, tendrá que posponer sus fechorías para un tercer episodio. A mis espaldas alguien susurró: ¿Te imaginas que nos juguemos el ascenso a Primera contra éstos? Y pensé que si fuera así, hablaríamos con total propiedad del problema final. No quisiera ser un Watson taciturno que escribiera con pena unas memorias indeseadas de Sherlock Holmes. De momento, por las inmediaciones de Baker Street no serán pocas las especulaciones y las hipótesis.
Lo que sí ya debe saber a estas alturas el Moriarty gaditano es que al crimen se le derrota a cabezazo limpio y por el aire: Cervero, David Fernández, Linares y Christian Fernández, agentes de Scotland Yard.


               Fernando Menéndez