martes, 11 de agosto de 2015

Danzante en el museo

Comienza por las uñas. El esmalte que descendió de un cielo histórico. Rojizo. El cónclave tirando a naranja. El conflicto empieza. Procurar que el esmalte no astille. Vi a a Diana y a Apolo tentándose. Dispersando la herrumbre de la mitología. Diana en los cotos mientras los domingos se llenan de astas. Héroes que alquilan. Apolo distanciando adjetivos. Empieza y los colores en su punto de fuga. Lo que mi madre llamaba trastienda. Los colores provienen de la niña callada. Prestada a su silencio. La maestra tan displicente, eficaz, elocuente se preguntó. Y al preguntar diagnostica. A la niña no le ocurre nada o le pasa que va separándose del futuro. Suena lírico, pórtico, filosófico, portátil. Pero dime si no vale más el no dejes para mañana. Aspirábamos a ser perseguidores pero lo civilizado es sedentario. Dicen doméstico. Que no sé si será domado.

("Apolo y Diana", Lucas Cranach)

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