martes, 10 de noviembre de 2015

Alberto & Jenaro

UN AUTOR ES UNA MIRADA. LA MIRADA, UNA TOMA DE CONCIENCIA


Lo que los ojos tienen que decir. Alberto García-Alix / Jenaro Talens. Editorial Cátedra. Madrid, 2014. 142 páginas.

No pocas veces la poesía y la fotografía están encantadas de haberse conocido. Se relamen en sus respectivas retóricas e intercambian monólogos pensando que establecen un diálogo. Fotos que ahondan en el tópico abusando del pespunte lírico. Poemas-postales que proyectan hacia el futuro un sepia impostado. Pero también hay fotógrafos que son poetas cuando se resisten a su propia inercia y se posicionan a la contra; buscando distanciarse de un lenguaje estandarizado y saturado (selfies, instragram, facebook, twitter…). Y poetas que tratan de fijar para siempre escenas que por su naturaleza son efímeras y que al elegir el vocabulario que eligen  tratan de destilarlo hasta su esencia; buscando la paráfrasis opuesta: que una palabra valga más que mil imágenes. O que la transversalidad y la contaminación eviten nuestra doma, nuestra domesticación. Y que la fotografía y la poesía son dos géneros, dos modos de vida que se encuentran, se confunden, se contagian. Modulaciones de la mirada ambas: centenaria una, milenaria otra, renuevan sus vínculos en diálogos como el entablado entre Alberto García-Alix y Jenaro Talens para este libro publicado por Cátedra cuyo título de advocación machadiana deja a las claras cómo el sentido de la vista y el sentido de la dicción pueden llegar a ser el mismo. No será necesario aquí glosar para el lector las dilatadas y brillantes trayectorias de un fotógrafo como Alix y un poeta como Talens. Baste con decir que este encuentro era sólo cuestión de tiempo: varias han sido las ocasiones en que el escritor de Tarifa incide y reincide con otros fotógrafos como tendencia natural de una poesía muy determinada por la mirada: “La mirada es un punto de referencia constante en el imaginario de Talens. La mirada deviene en herramienta para la construcción del conocimiento, faro a partir del cual se organiza lo que un ser humano capta de su entorno exterior y de sus indagaciones introspectivas. La mirada es perspectiva y conciencia de desde donde se mira. Un autor es una mirada y la mirada es una toma de conciencia” (Marta Sanz, “Metalingüísticos y sentimentales”).
Mientras que el fotógrafo leonés es capaz de trascender la superficie de una fotografía y mostrarnos su poética, enseñárnosla empapada de su proceso. Cada imagen es única, más dependiente de la verosimilitud que de la realidad; eso la arrima al terreno literario pero desde el punto de vista de la necesidad y no desde el del adorno. En una reciente entrevista a la revista “Jot Down”, García-Alix se lamentaba de cómo lo digital ha traído una gran falsedad de las emociones.
La gran literatura y la gran fotografía alcanzan la realidad a través de lo verosímil, pues hacerlo a través del realismo llega a ser una manera de alejarse de ella. No obstante, ¿dónde está la realidad? ¿fuera de uno? ¿dentro?
En el texto liminar de “Lo que los ojos tienen que decir”, Talens expone de manera brillante y didáctica las razones que les llevan al libro: sus palabras previas son una pequeña gran lección de intersección entre dos mundos. Ni el poema es un coqueto pie de foto ni la fotografía un acompañante de lujo. Lo mostrado en esta ocasión es un trenzado de autorretratos excéntricos: “hay una manera de hablar sobre uno mismo sin hablar necesariamente de uno mismo; no como tema, sino como proyección, esto es, como punto de vista. Si entendemos, entonces, que quien asume el protagonismo es dicho punto de vista y no una individualidad personalizada”.
Que la mirada sustituya al yo. Que, en definitiva, el individuo que escriba o fotografíe se cuestione más que mostrarse. Necesidad de pensar(se) y ver(se) cuando se mira por el visor. Necesidad de pensar(se) y ver(se) cuando se escribe. Voluntad constante de reflexividad pero no metafotográfica, como advierte Talens. Tampoco metapoética, añadiría yo.
Trasluces, árboles desenfocados, pies somnolientos, colillas, tierra agrietada, apóstoles sobre las aguas, cubismo de alambradas, edificios como recortables, perfiles depiedra…
De estos materiales y otros se conforma el inventario fotográfico de “Lo que los ojos tienen que decir”.
La réplica de Talens atraviesa seres fuera de campo, ancianos con su inventario de crepúsculo, ciclistas ronroneantes, pájaros matinales, el cuerpo y sus arcenes, nadadores ocultos…
Citas ineludibles o caprichosas entre poetas y fotógrafos seguirán sucediéndose. Pero pocas como ésta: alentada por el miedo, es decir, por la vida. García-Alix afirma que su trabajo se limita a caminar por la calle, con su cámara en ristre y, cuando siente miedo, disparar.
Citas impuestas o financiadas entre poetas y fotógrafos seguirán sucediéndose. Pero ninguna como ésta. Sentir el miedo y disparar; escribir un poema respondiendo a un impulso o a una iluminación personal es eludir la estrategia, reverdecer la inconsciencia del viejo explorador. O como dice Talens en unos antiguos versos:
“Por qué dudar. No temo la aventura. / El deseo no es nada sino el deseo de romper / la superficie donde habitan todas las superficies, / de hablar con un lenguaje sin pronombres ni géneros, / sin verbos en pasado o en futuro”.


           

                      Fernando Menéndez

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