lunes, 2 de noviembre de 2015

Videoteca (una vida)

VIDEOTECA: UNA AUTOBIOGRAFÍA DESORDENADA



Juego de tronos

La fantasía es una corrupción del tiempo. Hoy los airados se creen dragones. Las lecciones tienen trazo de amenaza. Se conjuga por hartazgo un presente continuo.


Homeland

Siempre sacábamos la trama de la nevera a la misma hora. Por entonces desconfiaba de los alimentos perecederos de la misma forma que desconfiaba de las casualidades. Cada noche le pedía a mi mujer lo mismo: vela por el vértigo, vela por el vértigo.


Doctor en Alaska

A nadie le sonaba el nombre de Defoe. La camarera cantaba los días impares mientras servía pasteles y trozos de tarta que animaban el devenir del mundo. Después de que el médico soportara sus manos bajo el agua del deshielo, apareció McCarthy a lomos de un alce. El funesto optimista inició un censo de las truchas del río. Su pretensión era enseñar a los niños a distinguir una a una. Luego se iría con ellos a tumbarse en la nieve.


Treinta y tantos

Los ángeles de Rilke vestían cazadoras de béisbol y había una madre vocacional con la que todo el mundo quería acostarse. También un pelirrojo barbado antes de barbarse todo el porvenir. Sabía encontrarle sentido a las canciones más ñoñas. Conciliar los contrarios, destrozarse a sí mismo.


La casa de la pradera

Entre septiembre de 1974 y marzo de 1983, algunos incrédulos se decían ante el televisor: para qué, si todas las familias felices son iguales. Antiamericanos según la Administración Reagan. Subversivos según la Triple A.


Los ángeles de Charlie

¿Quién era ese narrador omnisciente aficionado al parchís? ¿Qué extrañeza sintió el Doctor Watson en las playas de Malibú? ¿Y el niño obsesivo de mentón pronunciado que se enamoró perdidamente de una rubia karateca?




The wire

La escritura pierde su apariencia: es el cobre de la moneda, la piedra por pulir. El tal Simon es un intruso que tiene un puñado de paradojas por esgrimir, una estilística de la mala conciencia. La escritura es sólida, nunca líquida. El tal Simon sabe, al igual que Borges, que la resolución de un enigma nunca está a la altura del enigma planteado. Y en caso de duda, seguir el rastro del dinero. No hay héroes ni villanos. Sólo ciudades: eternas en su autodestrucción.


Breaking bad

Mike no lo puede decir más claro: “tú eres igual que una bomba y no pienso estar cuando explote” (refiriéndose a Walter White). Y efectivamente así va a ser: Mike ya no estará aunque la explosión será una explosión controlada. En los últimos capítulos de Breaking bad vemos a un kamikaze en el fragor de la batalla; a un hombre ebrio de mentiras, de desesperación. Ebrio de cáncer. Desterrado a un lugar anegado por la nieve, vuelve al que fue su reino de forma clandestina, con el fin de concluir la historia a su gusto. Durante este peregrinaje terminal hace un alto en el camino para visitar su antiguo hogar: derruido y abandonado como la estatua de Ozymandias. Sólo le reconforta la posibilidad del mito (una obra siempre del pasado) al descubrir el nombre de Heisenberg pintado en las paredes de su vieja casa. Delgadísimo, con el cráneo cubierto de pelo. Probablemente recuerde en ese momento lo que Jesse Pinkman le dijo cuando se rapó la cabeza por primera vez: “se parece a Lex Luthor”. Lo que no querrá recordar de su socio es un premonitorio reproche: “usted sólo se concentra en lo negativo”.
Pero ya nada importa. Ha regresado para asegurar el futuro de la familia y para proclamar su expansión poética:

“Lo que he hecho lo he hecho por mí. Porque me gustaba. Me hacía sentirme vivo”.


True detective

El ateo es el más religioso de todos los religiosos. Apóstata de sí mismo, se hace detective por hurgar en la neblina gótica que se condensa en los pantanos.
El ateo se compadece y envidia al fatigoso padre de familia que no renuncia a su nocturnidad y alevosía. El agente Rusty Cohle relee a Bernhard y a Dostoievski por seguir el rastro de un asesino en serie. El ateo no soporta los crímenes envueltos en papel de sacramento. Él tiene sus pesares y no por ello peregrina en comunidad.
Un individuo es una moral, lo es en su escasez, en su ausencia de prójimo.


Colombo

¿Conocerá Frank Bascome a este hombrecillo que se encorva como un interrogante? Devotos de lo penúltimo, Frank y el teniente viven por encadenar los instantes previos a cuando todo sucede. Quien parece olvidarse de todo es quien queda para contarlo.


Luther

El hombre se aviene a reglas por amor al prójimo. Un jugador que acierta cuando yerra. Un ser impulsivo y voluminoso que se topó con Campanilla para ser custodiado.


Treme

Lo mismo en verbenas que en funerales entonamos: no hay tiempo para el tiempo, no hay tiempo para el tiempo. Una imposición legal ese enredo de días, meses, años.


Twin peaks

Fue una noche muy larga. Hans Christian Andersen y Vladimir Propp trataban de maniatar a sus orígenes a un hombre terco, con un mechón blanco en el flequillo. Pero él lo tenía muy claro: las raíces hay que cortarlas; en todo caso, retorcerlas.


Sherlock

¿La soledad? Tener siempre algo por concluir. Que haya gente que precise de tus servicios. Disimular a base de elocuencia y buenas maneras. Por cada misterio, la ausencia de una rutina, de unas verduras en el mercado; del bullicio del transporte público.


Castle

La celebridad, al igual que la vida diaria, es una antología de lugares comunes. Manifestarse frívolo ante lo evidente y afectado ante lo excéntrico. Mantenerse frívolo ante el inventario de agravios y reparos es una dieta de barroquismo. Una forma contemporánea de ser anacrónico.


CSI Las Vegas

Bradbury también hubiese encontrado una decisiva relación entre coleópteros y crímenes pasionales. Las Vegas es un sueño. Nunca ha existido. Igual que Marte.  A no ser que Gregorio Samsa y Luciano de Samósata nos digan lo contrario respectivamente.


Un hombre en casa

Bodegones de Winston, pata de elefante y vino peleón. Siempre hay unos vecinos empeñados en ser tus pastores. Mi padre identificaba la moqueta con ser una familia respetable. De Robin imité el jersey de cuello cisne, la gabardina trinchera.



The shadow line

Puede darse el caso de que a un crimen le sobren autores que se autoproclaman de forma licenciosa. Mirando fijamente el mar, Joseph Conrad aprendió mejor que nadie los mecanismos de la política. Y luego está la crueldad de que detrás siempre hay algo detrás.

Los Soprano

Vimos que era algo más que reescritura al fijarnos en su rostro tan familiar, tan de toda la vida. Nos salimos del género sin dejar de estar en él. En el futuro se estudiará la paradoja Tony Soprano en todas las universidades de renombre. Se descubrió la posibilidad del gángster en deconstrucción. Los cenizos insistirán en que, después de Coppola, nada.


Verano azul

La versión en imágenes del himno español de la Transición. La entronización de la nostalgia que es un himno amable, carente de virilidad y épica; pero himno al fin y al cabo.


Cheers

Son muchas tertulias concilios de proscritos, de gente que se ríe por todo y evita hablar del trabajo y de la familia. Amparados en los bares que son estancias propicias a la utopía.


El ala oeste de la Casa Blanca

En el caso del espectador, la suspicacia es una obligación: así que prefiero asumir la verosimilitud como una forma de fantasía. El realismo ni siquiera existe. Veo la Casa Blanca como la nave “Enterprise”. Decir “La estrella de la muerte” sería demasiado obvio. Pero qué Jefe de Estado no es Darth Vader bajo la casulla blanca de Luke Skywalker.


Yo, Claudio

Vivir en un nudo continuo y narrarlo de manera aristotélica: sin prescindir de un planteamiento ni de un desenlace. Lograr reducir un imperio a escenas interiores y dejar los grandes hitos a la solemnidad de los historiadores. Desconfiar, en fin, del mero escrutinio notarial.

Mad men

En una anodina oficina de la novena planta de un rascacielos se reúnen por turnos insignes ciudadanos. A las 9.45 h, por ejemplo, se ven las caras Andy Warhol, Virginia Woolf y Cole Porter. Se devanan los sesos pensando en la gente de la calle. Debaten educada pero apasionadamente. Custodiados siempre por un hombre de traje negro y una mujer escotada.


A dos metros bajo tierra

Frank Capra nos sopló desde el cielo su afición por los espectros y la comida mexicana. Como siempre hay alguien a la escucha pelirrojo e insomne, lo demás fue sólo cuestión de elegir un tema. La familia.  Aunque sólo sea por devolver el favor a Capra.


Retorno a Brideshead

Durante un tiempo seguimos la dieta de una Inglaterra esbelta y unos modales ambiguos. Para un chaval de barrio era una revolución al alcance de su poder adquisitivo: encender el televisor para aprender a vocalizar y ser elegantes.




                                                        Fernando Menéndez
















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