viernes, 4 de diciembre de 2015

De cabeza / Los regateadores

DE CABEZA


Los regateadores


Tal vez por el título de este artículo lo parezca, pero no voy a hablarles de un nuevo cómic de Marvel ni de una serie de televisión de los años sesenta. Aunque si uno lo piensa dos veces, la habilidad para regatear es una especie de superpoder innato que no todos los jugadores tienen. Cierto que el hábito hace al monje y que a base de entrenar, uno puede llegar a defenderse con el balón entre los pies en caso de apuro y antes de pasársela a un compañero. Pero el sentido arácnido o la visión de rayos X, corresponde al regate no ensayado, a esa virtud genética  o inspirada que te hace imprevisible y, todo hay que decirlo, un tanto audaz y quizás egoísta. Los más famosos regateadores han vivido casi siempre pegados a la línea de cal. También puede realizarse una finta en el centro del campo, en las inmediaciones del área rival y pocas, muy pocas veces, en la cueva de la portería defendida para susto de hinchada y temerosos entrenadores. Un buen amigo mío está convencido de que, por ejemplo, Messi, hace regates que ni siquiera sabe que los puede hacer. Asumamos que la "Pulga" es caso aparte. Pero mi amigo ha dado en la clave: lo mejor y lo peor de un regateador es su entusiasmo y a la vez su inconsciencia.
Hay partidos tan, tan risueños que están hechos a su medida. Sin embargo, otros son tan lógicos, tan cartesianos, que la alegría es recibida con desconfianza. 
No es lo mismo un regateador que un futbolista. Parafraseando a Menotti: no siempre se puede hacer un futbolista de un regateador. El segundo, sólo ve la acción. El primero ve la acción y el daño. Yo les tengo cariño a los segundos porque saltan al campo como si del quinto Beatle se trataran y buscan estar solos ante el peligro como un Gary Cooper que se jugara cada acción como si fuese la última del partido.
El extremo belga del Atlético de Madrid, Yannick Carrasco, ha dicho que "el regate me da confianza y placer, la grada te empuja a hacerlo más. Me gusta dar espectáculo, pero si lo das es para crear peligro no para hacer algo bonito por hacerlo". Para hacer peligro y no hacer algo bonito por hacerlo. Carrasco se suma a la rampante resituación de los tiempos que corren: abandonar el arte por el arte para abrazar el compromiso artístico.
Al aficionado le gusta el espectáculo pero no quiere que se asuman riesgos. De esta contradicción lleva viviendo el fútbol desde sus orígenes y los jugadores de banda ven felicidad donde los demás sólo vemos incertidumbre. Y si no, que se lo pregunten a Pablo Hervías, el extremo del Real Oviedo procedente de la Real Sociedad: goza regateando y pidiendo balón como Peter Pan gozaba amargando la vida al Capitán Garfio. Su velocidad, verticalidad, su buen cambio de ritmo son evidentes. Puede que abuse de conducir el balón, de no soltarlo antes si atendemos a los principios básicos del canon futbolístico, pero dejemos a Hervías que se aprenda todos los acordes de "She loves you" de Lennon y McCartney. Ya habrá tiempo de réquiems y oratorios.



                          Fernando Menéndez





                                   

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