martes, 22 de diciembre de 2015

De cabeza / Zelig

DE CABEZA


Zelig


Hay virtudes que se muestran como debilidades. Recuerden, por ejemplo, a Leonard Zelig, protagonista de “Zelig”, el film que Woody Allen estrenó en 1983. Planteada como un falso documental, la película cuenta la historia de un hombre con un don sobrenatural: el de cambiar su apariencia para adaptarse al medio en el que se desenvuelve. Si se mezclaba entre personas judías, le crecía barba y tirabuzones. Si se hallaba entre gente negra, su piel se oscurecía y hasta cambiaba el tono de voz. Desde una perspectiva darwinista, lo de Zelig se podría calificar de puro instinto de supervivencia: camuflarse para no llamar la atención; estar pero no ser; hacer pero no destacar. Llamado el “camaleón” por las razones expuestas, una psicoanalista, Eudora Fletcher (interpretada por Mia Farrow) llega a la conclusión de que su caso, más que de una habilidad para adaptarse, se trata de un caso de inseguridad, de alguien que busca ser aceptado.
No sé si Jon Erice, centrocampista del Real Oviedo, es una persona insegura. Me atrevería a pensar más bien lo contrario. De lo que sí estoy seguro es de que, al igual que el personaje del cineasta neoyorquino, sabe ser “judío cuando toca ser judío. Negro cuando toca ser negro.” Discrepo de la doctora Fletcher: el caso de Leonard Zelig es un caso clínico de empatía social. Al igual que Jon Erice, ambos ponen por delante de cualquier otra acción la de saber ponerse en el lugar del otro. Con el jugador oviedista, de manera literal. Por sus características y su juego, está más pendiente de ocupar los espacios que dejan libres sus compañeros y evitar que se rompa el equilibrio táctico. En un solo partido puede ser momentáneamente central, interior, lateral…
Si la señora Fletcher fuese aficionada al fútbol me daría la razón. Me imagino al míster Egea antes de saltar al campo: - Linares: a golear, - Susaeta: a crear, - David: a defender,
- Erice: a empatizar.
Para apreciar el juego del medio centro navarro es recomendable aplicar el método cámara subjetiva, olvidarse de vez en cuando de la visión de conjunto y poner la atención en sus movimientos individuales. Lo habitual es que, como espectadores, estemos siempre pendientes de la trayectoria del balón (un narrador implacable, omnisciente), mientras que el capitán oviedista ayuda más al equipo ocupando aquellas zonas por las que unos segundos antes pasó “la vieja”, que diría el gran Di Stéfano. La lectura obvia, no la lectura entre líneas (entre huecos) se apresurará a decir que Erice no hace nada; que falla muchos pases; que juega siempre para atrás…
Vivimos en un mundo tan inclinado a la inquina y tan reacio a la sutileza que el capitán oviedista vivirá bajo sospecha en muchas más ocasiones de las que se merece. Sin embargo, para él está pensado el inolvidable relato de Raymond carver con su título de diáfano mensaje: “Si me necesitas, llámame.”


                                     
                                                  Fernando Menéndez

1 comentario:

  1. Interesante aportación del fútbol al mundo caprichoso de los tirabuzones judíos y los barrios negros. Los camaleones utilizan el camuflaje para paliar el hambre, en consecuencia, la patología del bicho social obliga a las transformaciones.

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