miércoles, 30 de marzo de 2016

Manuel Vázquez Montalbán (miércoles)

Le repugnaba cualquier tiempo perdido en el análisis del mundo en que vivía. Hacía ya tiempo que había decidido estar de paso entre la infancia y la vejez de un destino personal e intransferible , de una vida que nadie viviría por él, ni más, ni menos, ni mejor, ni peor. Los otros podían irse a tomar por culo. Había limitado su capacidad de emoción abstracta a la que pudiera transmitirle el paisaje. Sus restantes opiniones se las proporcionaba la piel.

(Carvalho en "Tatuaje")

sábado, 26 de marzo de 2016

De cabeza / Breviario para superar semanas convulsas

DE CABEZA


Breviario para superar semanas convulsas


1. Prefiero las vivencias a los trofeos (Bojan Krkic)

2. No te demores en el surco de los resultados (René Char)

3. El camino recto es el que lleva más lejos (Aíto García Reneses)

4. El futuro del fútbol es su pasado (César Luis Menotti)

5. Ninguna causa soporta la ceguera (Edmond Jabés)

6. Para mí, el dinero nunca lo fue todo. El cariño de la gente, sí (Matt Le Tissier)

7. Estamos aprendiendo una resta (Víctor M. Díez)

8. Jugar sin hinchada es como bailar sin música (Eduardo Galeano)

9. Hay que saber mirar lo que viene como si ya hubiese pasado (Ricardo Piglia)

10. Lo real llega a dar frutos irreales (Pedro Provencio)

11. Si hubiera querido ser individualista, hubiese elegido jugar al tenis (Ruud Gullit)

12. Lo fácil cae ligero (Mala Rodríguez)

13. El éxito sin honor es el mayor de los fracasos (Vicente del Bosque)

14.  Hay que meter todo en la novela, hablo de audacia, no de avaricia (Virginia Woolf)

15. La curiosidad es el balón (Mágico González)

16. No me importaría perder todos los partidos, siempre y cuando ganemos la liga (Mark Viduka)

17. Que sólo es diáfana la lentitud (Tomás Segovia)

18. Todo equipo que trata bien el balón, trata bien al espectador (Jorge Valdano)

19. Los que pretenden saber todo y arreglar todo, terminan por matar todo (Albert Camus)

20. No quiero ser una estrella, prefiero ser un buen ejemplo para los niños (Zinedine Zidane)

21. Cuando metes un gol eres grande. Cuando no, estás gordo (Ronaldo Luis Nazário de Lima)

22. No importa tanto cuánto corres, como hacia dónde y por qué corres (Zdenek Zeman)

23. Es preferible caer con tu propia visión que caer con la visión de otro (Johan Cruyff)

24. La integridad es silenciosa (Belén Gopegui)

25.  Pero con cabeza y corazón se llega lejos (Julio Verne)

26. Me enfurece la desaparición de las cosas, me enfurecen los cambios brutales. Y cuanto más envejezco, más deprisa se producen los cambios; amigos que desaparecen, paisajes que se abarrotan y desordenan. Quiero que mis amigos sigan siempre ahí, quiero que los sitios que me gustan sigan siempre igual. Quiero que haya determinados puntos fijos en el universo con los que pueda contar. No quiero seguir echando de menos voces, rostros, nombres. Quiero ser capaz de andar con los ojos vendados. No quiero tener que aprender a moverme por las habitaciones una y otra vez. Quiero poder iniciar conversaciones sin ningún tipo de preámbulos ni de introducciones (Alberto Manguel)

27. Entrenen, compitan y cállense (Sergio Egea)

miércoles, 23 de marzo de 2016

Cancionero de mano: Teoría de la relatividad

Tan sencillo
como
aquel colibrí
de
Carver.
Lo difícil
es
entenderlo.
Lo difícil:
el temor
a
no saber
qué hacer
si
sobreviene
un minuto
de
calma.
Fijaos
en
lo que digo.
Un minuto:
cuánto
y
tan poco.

domingo, 20 de marzo de 2016

De cabeza / Retorno al pasado

DE CABEZA


Retorno al pasado


Jeff Bailey, el protagonista de "Retorno al pasado", la mítica película de Jacques Tourneur, llevaba una vida tranquila y sencilla hasta que su turbio pasado le visitó a través de un viejo conocido. El lunes por la noche, cuando volví a encender el teléfono móvil después de tenerlo apagado durante unas horas, vi en forma de whatsapps el regreso de mi propio pasado. Soy un oviedista neurótico: que vive con miedo las alegrías y con escepticismo los sinsabores. Todos los mensajes apuntaban en un mismo sentido: el míster Egea presenta su dimisión. La de veces que nos hemos repetido unos a otros que la llegada del entrenador argentino fue una de las mejores cosas que le pasó a nuestro equipo. La felicidad en el Real Oviedo iba más allá de que ascendiera a Segunda División o de que, a pesar de las dos últimas derrotas, siga en los puestos de promoción de ascenso. Ni mucho menos. La felicidad en el Oviedo consistía en que sólo se hablaba de fútbol. Una renuncia como la de Sergio Egea trasciende para mí lo meramente deportivo y en cierto modo nos devuelve a la casilla de salida de los funestos años pasados. Pecaré de pesimista, no les digo que no. Pero díganme cómo encajar que un equipo que va tercero en la clasificación pierda a su entrenador por las razones que sean.
¿Pueden dos derrotas seguidas provocar un seísmo de tal alcance? La del domingo contra el Valladolid es fácil de explicar: fue superior al Oviedo. Entendió mucho mejor eso de que los goles se marcan y se encajan en las porterías pero el fútbol se juega en el centro del campo.
Lo normal es perder. Cuando haces una rutina de la victoria, estás a un paso de separar los pies de la tierra, de desconectar tus vínculos con el entorno.
Soy un oviedista neurótico, ya se lo he dicho. A los veintipocos años leí un poema de Raymond Carver que me impresionó pero que no alcanzaba a interiorizar. Con los años vividos llegué a lograrlo. Hoy, a la vista de los acontecimientos, vuelve a resonar en mi cabeza. Se titula "Miedo" y alguno de sus versos dice así: "Miedo al pasado resucitando (...) Miedo al presente echando a volar (...) Miedo a la confusión (...) Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie (...) Miedo a que este día acabe con una nota infeliz ".
El míster Egea se irá como vino: con discreción, sin meter ruido.
Que allá donde vaya le acompañe la suerte.



                        Fernando Menéndez

Alberto Manguel (domingo)

Me enfurece la desaparición de las cosas, me enfurecen estos cambios brutales. Y cuanto más envejezco, más deprisa se producen los cambios; amigos que desaparecen, paisajes que se abarrotan y desordenan. Quiero que mis amigos sigan siempre ahí, quiero que los sitios que me gustan sigan siempre igual. Quiero que haya determinados puntos fijos en el universo con los que pueda contar. No quiero seguir echando de menos voces, rostros, nombres. Quiero ser capaz de andar con los ojos vendados. No quiero tener que aprender a moverme por las habitaciones una y otra vez. Quiero poder iniciar conversaciones sin ningún tipo de preámbulos ni de introducciones.

(Diario de lectura)

Sam Shepard (domingo)

y cada mirada que robo
le añade un día a mi vida

(traducción de Enrique Murillo)

Marcial (domingo)

El librito que lees en público, Fidentino, es mío; pero cuando lo lees mal, empieza a ser tuyo.
(traducción de Dulce Estefanía)

sábado, 12 de marzo de 2016

De cabeza / El equipo cortés

DE CABEZA

El equipo cortés

La cortesía se paga más que se cobra. Y a pesar de ello, la prefiero al señorío: concepto con tufo a rancio y un punto de condescendencia. El Real Oviedo, en sus salidas lejos del Tartiere le ha dado por ser un equipo cortés, educado. Preocupado porque su rival entre el primero en el partido. Cediéndole la iniciativa... Vamos, todo un caballero.
En Mallorca alcanzó la sublimación de lo cortés. Hasta el punto de marcar un gol en propia meta. Pero es que la ocasión la pintaban calva: los bermellones cumplían cien años, el entrenador era alguien tan querido por nosotros como Fernando Vázquez. ¿Cómo íbamos a aguarles la fiesta? ¿Dónde se vio acudir a un cumpleaños y restarle protagonismo al agasajado? No íbamos a hacer lo de la canción de los Ilegales: llegamos a una fiesta sin estar invitados, nos comimos su comida, nos bebimos su vida... Bueno, mejor no sigo.
Para ello se tomaron las medidas adecuadas: durante la primera parte, que el balón no pase mucho por Míchel, que luego le da por filtrar pases y ya se sabe. Entremos en juego poco a poco, que vayan pasando los minutos. Que al Mallorca se le ve nervioso, atolondrado, sin un sistema de juego muy ajustado... Ya habrá tiempo tras el descanso de sacarles un poco los colores. Pero lo justo. Tampoco se trata de hacer sangre. ¿Y el árbitro? Pues que eche una mano, ¿no? Por ejemplo que nos expulse a un jugador. Dani, lo siento. Hoy te toca a ti.  Y así, entre cortesías y protocolos, cuando nos dimos cuenta, habíamos perdido la imbatibilidad. La posibilidad de batir un récord. Qué imbatibilidad ni qué leches, diría el menos soñador. Lo que hemos perdido son tres puntos que podíamos haber ganado de sobra. Como nos tengamos que acordar de ellos al final...
La racha de imbatidos: lo único que sé de las rachas es que tarde o temprano se acaban.
El juego del equipo: hemos vuelto a la dinámica Jekyll & Hyde. El doctor apareció cuando ya era demasiado tarde. Creí ver su semblante tras los rostros de Borja Valle y Koné, pero estaba equivocado.
El gol en propia meta: el fútbol es un fino y cruel humorista. Tiene guasa que lo haya metido David Fernández, uno de los mejores centrales del campeonato.
El Mallorca: al bueno de Vázquez  le queda trabajo por delante. Que los árboles del resultado final no le impidan ver el bosque de un equipo maltrecho.
El árbitro: me remito a lo que el míster Egea dijo en rueda de prensa: "casi nunca nosotros vamos a poner una excusa en los árbitros, porque sino los hacemos protagonistas y los verdaderos protagonistas son los futbolistas".
Lo del entrenador azul no es cortesía. Mucho menos señorío. Es más difícil de aprender. Aunque se puede. Se le llama elegancia. Saber estar.


                             Fernando Menéndez 

viernes, 4 de marzo de 2016

Adolfo Bioy Casares (viernes )

Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una súplica. Búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso.

("La invencion de Morel", 1940)

martes, 1 de marzo de 2016

De cabeza / Historias para no dormir

DE CABEZA


Historias para no dormir


Pasados los primeros quince minutos del partido contra el Girona, un virus fatídico y conspiranoico se apoderó de mí. Me pasé la semana previa cruzando los dedos, improvisando sortilegios. La vida de un hincha puede llegar a ser una rara sucesión de ritos y excepciones. Vamos, un sinvivir. Como si de un terrorífico relato concebido por Narciso Ibáñez Serrador, yo temía del duelo del domingo un efecto contagio, un legado de la mala suerte, como si esta pudiese transmitirse. Pero, ¿a qué viene tanta angustia por mi parte? Uno no es responsable de sus miedos, más bien al contrario. O así trato de consolarme. No podía quitarme de la cabeza que la temporada pasada, el Girona fue uno de los protagonistas más fatídicos de la liga: ubicado hasta la última jornada en puestos de ascenso directo, dependiendo de sí mismo; desperdició dicha ventaja en un nefasto partido contra el Lugo. El efecto mariposa no se hizo esperar: le quedaba el consuelo de la promoción. No hubo manera, las cosas fueron de mal en peor. Total, que resultaron ser los grandes perdedores del 2014 / 2015.
Pasado el verano, tocaba reconstruirse. Restañar heridas. El clásico favorito que empezó con dudas, pero esto es tan largo... Por lo pronto, en su visita al Tartiere, fue el único equipo que nos ganó. Así que me dije: a ver si el azar (ese caprichoso y cruel narrador) nos ha elegido para traspasarnos el estigma que ellos padecieron en el pasado. Con tal decisión y circulación de pelota comenzaron el encuentro, que pensé en si la típica caraja del Oviedo en los primeros minutos de visitante no sería algo más que eso. En el fútbol, lo sé, las estadísticas, los datos, son lo único fiable. Aunque la reiteración a lo mantra de muchos de ellos puede volverse contraproducente: que si una racha de diez partidos sin perder, que si estamos a un suspiro del ascenso directo... Con toda esta sugestión me puse a ver el partido en Montilivi: que los Toché, Esteban y compañía me quiten los fantasmas de la cabeza , que conviertan esta historia para no dormir en una novela rosa. Al final, no llegó Corín Tellado, pero tampoco Stephen King. Fue una historia realista, casi costumbrista. El Oviedo sigue puntuando: lástima no haber ganado,  pues se puso por delante con un penalti transformado por Susaeta.
Ya sé que a estas alturas debería acostumbrarme a una situación que no es pasajera: el equipo sigue ahí arriba, independientemente de su juego. Parece decidido a poner cama y cocina en los primeros puestos de la tabla.
Quizás el Girona no ha logrado reencarnarse. Quizás los tiempos han cambiado definitivamente y soy yo el que necesita atención, un giro a mi vida.
Tenemos cuarenta y tres puntos. ¿Ya estamos salvados matemáticamente?


                          Fernando Menéndez