martes, 26 de abril de 2016

De cabeza / La realidad

LA REALIDAD


Hay cosas que solo se pueden aprender en los bares. Estaba el domingo pasado, a la hora del vermú, sentado en un chigre de mi barrio viendo al Oviedo deambular por el campo del Nàstic. Las opiniones y comentarios que me zumbaban en los oídos no se correspondían con la realidad de una hinchada cuyo equipo está en los puestos de ascenso a Primera División. Lo cual me llevó a pensar en si no viviremos escindidos en realidades paralelas que raras veces  se cruzan. Las pocas ocasiones en que lo hacen  será eso que se conoce como felicidad y que solo se aprecia mucho tiempo después de haberla disfrutado. En el caso de los oviedistas vivimos al menos en cuatro realidades diferentes: la del juego del equipo; la de la percepción del entrenador y los jugadores; la de la afición y la de la clasificación. Si les digo la verdad, en el Oviedo que vi jugar el pasado domingo no aprecié esa leve mejoría de la que hablan las crónicas. Será que tengo perturbados los sentidos como el bueno de Don Alonso Quijano. O tal vez yo sea un botarate que vea gigantes donde solo hay molinos. Y es posible (más bien seguro) que no tenga ni idea de fútbol a pesar de llevar más de media vida viéndolo. De lo que no hay duda es de que todos deberíamos estar alegres como unas castañuelas y no es del todo así. No es que estemos deprimidos, no tenemos razones. Menos aún si recordamos de dónde venimos. ¿Pero se imaginan a los seguidores del Mallorca o del Almería en nuestra situación? ¿Tendrían el ánimo igual de extrañado? Sospecho que no.
En cuanto a la realidad del entrenador, en los días previos al partido en Tarragona, deseaba que se notase en el campo el trabajo de la semana. No voy a poner en duda el esfuerzo y la profesionalidad de nadie pero el Oviedo me recuerda cada vez más a esos escritores que después de escribir páginas y páginas de una novela apenas salvan un par de frases a la hora de corregir.
En estos casos, lo más recomendable es recurrir al humor como hace Augusto Monterroso cuando dice sentirse un Balzac si es capaz de escribir una línea en todo el día.
Mientras tanto, cada lunes, la tabla clasificatoria se impone a nuestro espíritu como las tablas de la ley.
Existe una última posibilidad: ¿Y si el fútbol fuese una ciencia muy avanzada? ¿Y si la tecnología llegase al punto de desarrollar replicantes que sustituyesen a los jugadores reales para darles descanso? Si fuera así, al programador- diseñador de las réplicas del Real Oviedo le está fallando últimamente el software. Pero no me cuadra el asunto. Si fuese posible lo que digo, el Barça ya hubiese puesto en marcha a los replicantes de Messi, Neymar y Luis Suárez. Nada. Es imposible. Ese mismo domingo estuve viendo el partido del Leicester contra el West Ham y allí palpitaba una sola realidad.


                    Fernando Menéndez

Barthes (martes)

La ciencia de la literatura es la literatura.

Giordano Bruno (martes)

Concluyes bien, pues la poesía no nace de las reglas, sino que las reglas derivan de la poesía y, por ello, tantos son los géneros y especies de varias reglas cuantos son los géneros y especies de verdaderos poetas.

martes, 19 de abril de 2016

De cabeza / El Ahora

DE CABEZA


El Ahora


El pasado martes cinco de abril andaba el oviedismo tratando de olvidar el partido del lunes en el nuevo San Mamés. Son difíciles de olvidar las derrotas, pero ese tópico de que el fútbol no tiene memoria viene muy bien en estos casos. Tocaba pensar ya en el Numancia de Soria. Un equipo que cuenta con seguidores insólitos como los escritores Javier Marías y el austriaco Peter Handke. ¿Cómo llega un austriaco a hacerse del Numancia? El autor de "La mujer zurda" peregrinó durante mucho tiempo por Europa con sus consabidas paradas en distintos lugares del continente. La razón de su huida fue la elección como presidente en Austria de Kurt Waldheim, acusado de pertenecer
en su momento al Partido Nazi.
Handke bien pudiera haberse hecho seguidor del Real Oviedo: otro cinco de abril, esta vez de 1988, pasó por Oviedo caminando bajo aguaceros, visitando la catedral. Por aquí no se supo de su estancia hasta 2011: año de la publicación en España de "Ayer, de camino", una especie de cuaderno de viajes donde va anotando impresiones, detalles, paisajes... Otro escritor, el zamorano Tomás Sánchez Santiago, recuerda que durante su estancia en Soria, Handke vivió en un cuarto de hotel con ventana al Duero y escribió su "Ensayo sobre el jukebox". Por aquel entonces se decía que allá donde estuviera compraba la prensa española  para conocer el resultado del C.D. Numancia. Desconozco si lo sigue haciendo pero si es así se habrá encontrado con la crónica de un partido anodino, con más suspense que juego. De esos que sólo se recuerdan por su resultado. 
Entre las notas escritas por el austriaco aquel lejano cinco de abril me llama la atención una que dice: "mi preocupación  fundamental es que, aunque todavía hay mucho tiempo, de repente es "demasiado tarde". El oviedista recordará de sobra que en 1988 su equipo regresó a Primera División. Ya no fue demasiado tarde. Cuando se da por finalizada una larga espera, el tiempo deja de ser mucho o poco. Se pasa, por jugar con otros títulos de Handke, de una "Desgracia empeorable" a un "Ensayo sobre el día logrado".
En abril de 1988 yo era un estudiante de letras camino de la Plaza de Feijoó. El casco antiguo era la zona por donde deambulábamos ingenuos e impetuosos. A veces me pregunto si no nos habremos cruzado con un tipo "producto de los Beatles y de Sartre que conserva su cara de niño a pesar de sus 46 años, un individualista sensible que ha buscado la fealdad paseando frecuentemente en construcciones y ruinas para buscar después en el alma y escribir", según lo retratan las crónicas de la época.
Ojalá me lo hubiese encontrado y reconocido para preguntarle qué futuro le veía a mi equipo, a aquel Oviedo de Edorta Murúa Zenarruzabeitia o Ramón Ángel Hicks Cáceres. Tampoco hubiese hecho falta. La respuesta está en la página doscientos trece de su libro "Ayer, de camino": "coger fuerzas para el Ahora (...) en la naturaleza hay, acontece continuamente un Ahora.



                        Fernando Menéndez

miércoles, 13 de abril de 2016

De cabeza / Bond, James Bond

DE CABEZA


Bond, James Bond


Sabemos por el cine que, cuando un personaje tiene tirón, no importa tanto el actor que lo interprete. Pensemos, por ejemplo, en James Bond: desde su primera versión, varios han sido los actores que lo interpretaron. Desde un legendario Sean Connery hasta un olvidado George Lazenby, un australiano que hizo de 007 en 1967. Y sólo los más cinéfilos recuerdan que el primer Bond se llamaba Barry Nelson: un actor norteamericano que se metió en la piel del agente británico  en 1954 para una versión televisiva de "Casino Royale".
Sabemos por experiencia que nada le gustaría más a un equipo de fútbol que encontrar un personaje convincente a partir del cual crear una superproducción  que atraiga al público y reviente taquillas. El "personaje" puede ser una figura de primer orden, un método de trabajo, un estilo de juego o un entrenador. El Barcelona, desde la eclosión del "Dream Team" de Cruyff (al que tanto echamos de menos) es consciente de que el secreto para que su éxito se prolongue es no desviarse mucho de las enseñanzas del holandés. Algo que siempre supone un riesgo: como si pretendiesen que todos los 007 fuesen un calco de Sean Connery. El tiempo, como no puede ser de otra forma, va matizando las propuestas y ahora las riendas del Barça las lleva Luis Enrique, un Bond más a lo Daniel Craig, que a mí me parece un punto agreste y primario: más al estilo servicio secreto ruso postsoviético que al estilo de su graciosa majestad.
Del Madrid de Florentino también conocemos su modo de operar: cada verano promete un proyecto ampuloso y con redoble de tambores, muy a lo Dino de Laurentiis. Pero como el fútbol es un guión muy retorcido cargado de subtramas, lo que empieza siendo un serio candidato a los Oscars, acaba siendo un cortometraje  dirigido por un director primerizo.
¿Y el Oviedo? ¿Cuál es su personaje clave? ¿Cuál es su género? ¿Western, melodrama, comedia, terror? ¿Será el Oviedo del futuro un éxito que trascienda sus propios límites como lo es el agente de Ian Fleming?
Después de ser durante años pasto de serie B, peplum o vodeviles costumbristas, creíamos haber encontrado nuestra saga de éxito. El director parecía el adecuado, los protagonistas también. Parecía que el capítulo definitivo del proyecto "Volveremos" estaba a punto de llegar. Y aún puede ser posible. Quedan suficientes horas de rodaje  para lograr un cierre brillante a lo "Mad Men" o "Breaking Bad". Sabiendo que el final de una historia nunca es el capricho de un autor sino la consecuencia lógica de cómo ha discurrido la acción. Permanezcamos atentos a la pantalla. Y velemos porque la cosa se parezca a una serie de la HBO y no al típico telefilme de sobremesa de cuyo nombre no podemos acordarnos.



                             Fernando Menéndez

Richard Ford (miércoles)

Y no hay en el mundo un momento más feliz que éste; todo en perspectiva.

( "El periodista deportivo")

viernes, 1 de abril de 2016

Cancionero de mano: Etapa reina

Montados
en
bicicletas
las
previsiones
más
funestas
se
transformaban
en
un mero
soplo
de
aire.
Inocente.
Sólo
superficie
invisible.
Pedalear
y
suena
un violín.
Pedalear
y
suena
un violín.