viernes, 24 de junio de 2016

Pasolini (viernes)

Hay un destino físico en la ideología

Atahualpa Yupanqui (viernes)

Después vienen los otros, los que dicen: "Tengo mi mensaje" y han escrito dos zambas, una chacarera y una canción protesta, y a eso lo llaman mensaje. Eso es falso. Mensaje es una vida. Mensaje es los setenta y cinco años de Andrés Chazarreta tocando danzas y nunca hablando de mensaje.

jueves, 16 de junio de 2016

Frank Bascome - Richard Ford - Cowboy Junkies - Penúltimo danzante

ahora sé que quise ser frank bascome / conducir tranquilo por los barrios periféricos / ser el ciudadano que nadie espera y al que todos dan la bienvenida / vivir bajo sordina y al caminar cuesta abajo / despacio / entre platanales / pedirte un trozo de merienda / no traspasar el umbral de las expectativas / para una postal desde francia o para un verano inolvidable me faltan borrones / asteriscos // lo fácil era aprovechar la disculpa de tu hermano / los minutos forzosos de un encuentro casual y después la noche que abre sus rutilantes incisivos / la romántica desconfianza era propia / la cursilería / los pequeños papeles / las notas a pie de página / el mero amor por el frío

(The caution horses)

De cabeza / La dignidad

DE CABEZA



La dignidad


Por no quedar, al Oviedo no le ha quedado ni dignidad ni un mínimo de espíritu competitivo. El partido contra el Osasuna fue una condensación de este tramo final de liga; una antología de humor negro; una gala benéfica pagada por los de siempre. Lo que son las cosas: hace solo un año y poco, el Oviedo celebraba el partido más feliz de sus últimos tiempos. Se había conseguido el ascenso a Segunda División y como los finales felices provocan adicción, veíamos como algo natural repetir el "y comieron perdices" hasta el hartazgo. Pero ya dijimos aquí que el fútbol es un relato que desconoce siempre su desenlace.
El Osasuna (que sí consiguió su objetivo) nos llevó de la mano al Callejón del Gato, a contemplar nuestro reflejo deformado y deformante. Al menos podemos apuntarnos el mérito de ampliar la rica nómina del esperpento, ese género tan español. Al menos, como ha sugerido el bueno de Pablo Texón, podemos creer que ha sido el gran Valle-Inclán quien ha escrito el colofón a esta temporada. Que lo perdido para el fútbol sea ganancia para las letras. Redundando en géneros eminentemente hispánicos, también está la demagogia (ese recurso de quienes se han descargado de razones). Vacío y demagógico se presentó el entrenador azul en la alineación del sábado pasado. Si las alineaciones son la tarjeta de presentación de un entrenador, la última presentada por Generelo fue una retórica complaciente y, como se vio, cargada de peligro. Dio pena tener que ver sucumbir bajo una avalancha de goles a los Esteban, Cervero, Viti, Héctor, Omgba... y no a los que por lesión o decisión técnica se libraron de la quema. El campeonato se acaba de la peor manera posible y preocupa ver cómo en el fútbol profesional cada vez cuesta más trabajo empatizar y ponerse en el lugar del seguidor. Es la consecuencia de sustituir aficionados por espectadores.
El sábado ya había comenzado mal. Antes, uno iba a buscar las noticias. Ahora te asaltan mientras desayunas. La muerte de Muhammad Ali me amargó el café. Ali, un campeón del boxeo, de la empatía y, sobre todo, un campeón de la dignidad, ha sido alguien que me ha marcado profundamente. Y no hay en lo que digo ni un ápice de exageración o literatura.
Yo descubrí la trascendencia de su figura en el documental "Cuando éramos reyes" y a partir de ahí se mostró para mí como una referencia ineludible. Aún recuerdo la impresión que me quedó después de ver dicho documental en casa de una gran amiga. A partir de ese momento, lo puse en un lugar de preferencia entre mis ídolos. Porque reconozco tener ídolos. Desconfío de quien niega tenerlos. Probablemente sean ellos mismos sus propios ídolos. La autoidolatría es una práctica en alza.
Qué cruel está siendo 2016 con el talento: Bowie, Cruyff, Prince, Ali...
Y qué pensaría "The Greatest" si viese a un equipo como el Oviedo derrotándose antes de los partidos y dándolo todo por imposible. Él, que prefería pasar por bravucón antes que inclinar la cabeza. Él, que hizo de la dignidad su combate más brillante hasta el final y dio a la literatura oral y popular del siglo XX  alguno de sus mejores fragmentos:
"Imposible es sólo una palabra que utilizan los débiles que encuentran más fácil vivir en el mundo que les han dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho. Es una opinión. Imposible no es una declaración. Es un desafío. Imposible es potencial. Imposible es temporal. Nada es imposible".
Volveremos.


                                    
                                  Fernando Menéndez 

jueves, 9 de junio de 2016

Sophia de Mello (jueves)

La forma más eficaz que el poeta tiene de ayudar a una revolución es ser fiel a su poesía. Escribir mala poesía diciendo que se está escribiendo para el pueblo, es sólo una nueva forma de explotar al pueblo.

De cabeza / La transición

DE CABEZA



La transición 


Se impone una transición ante un cambio de régimen. Para templar ánimos. Para aminorar daños. En realidad, una transición es un pasillo cuya longitud depende de las ganas de cruzar de un extremo a otro del mismo. La transición, por norma, cuanto más corta, mejor. Más que nada, porque una transición que se prolonga se convierte en un estado de ánimo. Podemos consolarnos y pensar que la temporada que está a punto de concluir es una temporada de transición. Pero mientras empañamos nuestras lágrimas, hay equipos decididos a convertir el pasillo en un vestíbulo y están dispuestos a cruzar el umbral hacia un hogar más amplio donde da siempre el sol. En un ejercicio de funambulismo difícil de explicar, el Oviedo hizo su transición particular dentro de la más general. La calma llama a la calma y en el momento del calendario menos indicado (ese en el que el gran Luis Aragonés decía que se ganan y se pierden campeonatos) se forzó la salida del capitán del barco y se nombró a un grumete para sustituirlo (que es como si al director de un centro educativo le sustituyera su conserje). Y del barco, que parecía mantener un rumbo fijo, se arrojan por la borda la brújula y las cartas de navegación. Y no sirve aquello de que yo no mandé a mis naves a luchar contra los elementos. La Liga Adelante de esta temporada parece un juego de tronos cuyos candidatos se miran de reojo demasiado a menudo. Hasta que, de tanto insistir, a alguno de ellos se le ponen los ojos en blanco y ya no puede fijar la vista en ningún objetivo.
Ante un equipo tan bien trabajado como el Leganés, el Oviedo no salía de su propio bucle: un juego tristón y destensado; un fútbol sin adjetivos ni nombres propios. Contra el Zaragoza, después de acudir a la pila bautismal y , al grito de ¡revolución!, se quiso pasar por un once insurrecto lo que era una alienación meramente retórica. Y mira que el equipo maño no estaba para muchos sustos. Durante estas tristes últimas semanas, cuando escuchaba o leía las declaraciones del entrenador azul después de cada partido, me venía a la cabeza el brevísimo relato del maestro Monterroso: "Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Conocí el relato con el título de "El sueño". En la versión casera y oviedista he de llamarlo "La broma". Por no ganar partidos, en estos días ni siquiera ganamos los partidos del lenguaje vivo, incisivo, que invite a creer. Lo peor, de cara a la afición, es que se la fue matando poco a poco. Nadie tuvo la gentileza de la muerte súbita.
Ahora disimulamos diciendo que para un equipo recién ascendido tampoco está tan mal. Pero, aun siendo cierto, suena a terapia de grupo. La verdad es que nos sentimos como el desgraciado que tira a la basura el décimo de lotería premiado. Y da la impresión de que de esta improvisada transición también saldrá perjudicada la memoria.
Necesitamos una transfusión de buenas noticias. Necesitamos que el color de la camiseta y la historia sean nuestro programa político.
Necesitamos alegría. Aún más. Necesitamos euforia.



                   Fernando Menéndez