domingo, 4 de septiembre de 2016

De cabeza: Deprisa, deprisa (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA



Deprisa, deprisa


Hay un uso diferente al que señala el diccionario para las metáforas y los eufemismos (que no dejan de ser metáforas sonrojadas): el de disimular las carencias y las fobias de quien las utiliza. A pesar de haber vivido en las últimas décadas la explosión de un fútbol más de toque y más técnico, aún sigue teniendo predicamento la expresión, a modo de reproche, que se le hace a un futbolista cuando se le grita: "¡chaval, hay que correr más!" En esa advertencia enseña el aficionado mucho más sus manías que el jugador sus limitaciones. Es obvio que el futbolista debe correr, pero ¿para qué? ¿por qué? ¿con qué fin? Tengo la certeza ya desde hace años de que a la grada le entusiasma que el equipo corra. ¿Hacia dónde? No importa. Que corra. Luego ya veremos. Como si asistiéramos a una minimización del juego. Como si el fútbol fuera lo que queda después de correr, correr y correr. Se ha perdido entre los locutores la vieja costumbre de anunciar el inicio de un encuentro al golpe de: "que ruede el balón". Y es una pena. Porque esa expresión nos recordaba desde el minuto uno que si algo tiene que rodar, rodar y rodar(su forma de correr) es la pelota. Los futbolistas no deben llegar antes ni después. Sino llegar a tiempo. Cuando corres en exceso caes en la tentación de querer marcar el segundo gol antes que el primero o de querer empatar cuando aún no vas perdiendo. Los eufemismos son una manera de enunciar positivamente algo que se valora en clave negativa: asistimos a un tiempo en que se elogia de muchos equipos su intensidad, su agresividad. Lo más habitual es que ambas características oculten otras carencias, aunque es elogiable que se haga de la necesidad, virtud; pero lo que traiciona los principios del fútbol es desplazar su epicentro: del balón al esfuerzo y las piernas estresadas de los jugadores.
El sistema solar de este juego ha sido y es inalterable durante años y años: un montón de satélites y planetas girando alrededor de un único sol: el balón. Por eso me alegró oír a Fernando Hierro decir después del partido contra el Almería que, hasta el primer gol, el equipo había corrido demasiado. 
En noventa minutos hay que manejar la paciencia  y esperar la oportunidad. Si conduces con exceso de velocidad es difícil ver por el rabillo del ojo; es difícil apreciar con todo detalle los paisajes y se desquicia el balón: que sufre con los patadones y las conducciones prolongadas.
El adjetivo es la clave: "demasiado". La liga, como el arte, es larga. El partido es corto para los ansiosos, suficiente para los tranquilos. Ya lo decía aquella estupenda banda, "El niño gusano": si pudiera pedir un deseo, sería el hombre más lento del mundo.


                                 Fernando Menéndez

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