domingo, 25 de septiembre de 2016

El apuntador: En Londres (III) Originariamente en La Escena

EL APUNTADOR: EN LONDRES (III)



La historia
del
arte
es
la historia
del
arte
de
narrar.
Crónicas
o
utensilios
con
un fin
bien
concreto
adquieren
con
el tiempo
una 
naturaleza
que
excede
el objeto
con que
nacieron.
En el
Museo
Británico
las
adolescentes
japonesas,
tan
maqueadas,
pasan
entre
sarcófagos
milenarios
sin
preguntarse
por
la gramática 
de
aves
dioses.
Es el
Museo
Británico,
no
Las Vegas:
Herodoto
y
Philip
K.
Dick
encontraron
el punto
en el
que
toda
civilización 
se desploma:
no
es la guerra
ni
es la codicia,
es
el afán
por
exhibirse.
Nuestra
nueva
responsabilidad 
es
la de ser
espectadores.
De regreso
a
Bloomsbury
tenemos
la sensación 
de
haber hecho
un viaje
muy largo
cuando
apenas
hemos
bajado
unas
escaleras:
eso sí,
colosales,
imponentes.
Refugiados
en
librerías
de
viejo,
comprobamos
que
las sucesivas
o
simultáneas
lecturas
de
un mismo
relato
reducen
la
posibilidad 
de
una odisea.
Homero
se mimetiza:
se
confunde
entre
la multitud.

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