jueves, 27 de octubre de 2016

De cabeza: La defensa

DE CABEZA


La defensa

Toda defensa surge del miedo. El miedo es un sentimiento muy prolífico. Incluso rentable. Y se admite mejor en el ojo ajeno que en el propio. Los sistemas defensivos se justifican por el miedo a perder; por el miedo a encajar un gol. La opción entre defender férreamente y no hacerlo se asume en términos demasiado trágicos. Y ya sabemos lo que decía la rumba del gran Peret: "es preferible reír que llorar".
Defender en fútbol se ha convertido en todo un arte: los sistemas se sofistican por momentos y cada vez se ve menos lo de plantar el autobús delante de la portería. De un tiempo a esta parte, no encajar goles se aprecia ya como un arte, no como la tosca actitud de alguien desconfiado y usurero.
El origen de este cambio se dio con el paso del marcaje individual al marcaje en zona. Como una foto en blanco y negro quedan ya aquellos bailes en pareja que duraban noventa minutos. Los oviedistas más veteranos recordarán aquel famoso vals del tú ni te acerques que bailaron Carrete y Cruyff en un duelo entre el Oviedo y el Barcelona. Dejando de lado los daguerrotipos y volviendo a nuestra época digital, el consenso forzado por los datos erigen al Real Oviedo actual como un equipo bien armado defensivamente, que encaja poco goles. Algo es algo, me digo a mí mismo nostálgico y añorante de los días de rumba y goles. Igual que con la lluvia, nunca se defiende a gusto de todos. En el año 2004 nos congratulábamos de que Antonio Rivas afirmara que un equipo se construye de atrás hacia adelante. Primero, al bueno de Jabo Irureta, poco antes de que lo cesaran, la grada de Buenavista le reprochaba ser demasiado defensivo. La alegría, ya se sabe, va por barrios. Y la afición es un ente voluble que sólo entiende de vivir al día.
Hasta Pablo Machín, técnico del Girona, subrayó la solidez del Oviedo. Y yo, que aun siendo realista, tiendo al lirismo, pensé que solidez era una buena metáfora en lugar de defensa, cerrojazo... No me puedo quitar de la mente aquella certeza de César Luis Menotti a propósito del "catenaccio" italiano: "los italianos no defienden mejor, defienden con más". Importante el debate entre "más" y "mejor". La cantidad tiene un recorrido más corto que la calidad. Lo ideal a la hora de defender sería combinar ambas características. Me acosan y me albergan muchas sospechas, no sé si infundadas. Defender es adictivo y el miedo llega a paralizar las neuronas del placer. Puede que ahora nos convenga nadar y guardar la ropa, pero les sugiero que echen una ojeada a un célebre poema del imprescindible Raymond Carver. Ahí van dos de sus versos "Miedo a la ansiedad (...) Miedo a que este día acabe con una nota infeliz"



                             Fernando Menéndez

domingo, 23 de octubre de 2016

De cabeza: Don de lenguas

DE CABEZA


Don de lenguas


La tendencia natural del fútbol es ir de la primera persona del singular a la segunda del plural: pasar de la excesiva conducción del balón a darle uno o dos toques y moverse. Hay a quien le gusta el juego más directo: similar al modo imperativo del verbo: recto e implacable. Lo ideal sería manejar más de un idioma pero eso resulta siempre más costoso: contar con distintas características en una sola plantilla viene a ser como poder ir a estudiar idiomas al extranjero. Lo normal es que, salvo excepciones, los equipos de fútbol dominen una lengua y, con suerte, chapurreen alguna que otra; tengan un estilo definido y, a trancas y barrancas, puedan adaptarse a diferentes circunstancias. Sin embargo, Fernando Hierro ya expresó en público su deseo de que el Oviedo sea un equipo políglota. A todos nos gustaría que fuese así, pero dicen los buenos traductores que tan importante como conocer el idioma que traduces es conocer el tuyo propio. Además, cada palabra tiene a sus espaldas una historia particular. Hablar con fundamento, escribir algo que merezca la pena y jugar un fútbol memorable requieren dosis importantes de responsabilidad.
Se empieza por juntar sílabas (pegarle al balón) y se acaba por construir frases (dar un pase correcto). La velada matinal contra el Rayo fue una terapia de autoestima: palabra compuesta y evitable, pues dicen agoreros y puristas que mala cosa si tienes que recurrir a dos palabras para nombrar un solo concepto. Terapia que significó sol agradable, firmeza defensiva, aficionados de Vallecas, victoria local...
El partido acabó siendo el mejor de los westerns: Michu como Ethan, el protagonista de "Centauros del desierto" contra Piti y Trashorras como Butch Cassidy y Sundance Kid, protagonistas de "Dos hombres y un destino".
Pudo la ilusión del regreso contra la veteranía curtida en mil batallas. Michu dio un pase de gol y provocó un penalti: dos balas para derribar la amenaza rayista que por presupuesto y nombres aspira a lo máximo en la categoría.
El primer gol lo marcó Linares y el segundo Toché. La clase de idiomas resultó un éxito. En el western  vencieron  los buenos y los verbos más conjugados fueron "lanzar" y "correr". Sacados de su contexto, podrían ser verbos propios también del atletismo. Pero no me pondré exquisito: este verano estuve en Londres y por más que me aplicaba al hablar, siempre adivinaban que era español.



                         Fernando Menéndez

viernes, 14 de octubre de 2016

El apuntador: En Londres (VI) Originariamente en La Escena

EL APUNTADOR: EN LONDRES (y VI)


A veces
los viajes
se
pierden
por su
promiscuidad
de
experiencias
inolvidables,
escenas
irrepetibles.
Hay 
adjetivos
también
víctimas
de su
promiscuidad.
A Londres
es fácil
cotejarla
a base
de
las postales
particulares
que 
cada
viajero
genera.
Inquietante
reducir
la vida
a
sucesivas
postales
sin
sintaxis
ni
trasfondos,
sin
fuera
de
campo.
Yo
no me 
considero
distinto
a
los demás:
tengo
mis
propias
imágenes
de la
ciudad,
mi
propio 
ensueño
a partir
del
Támesis.
Pero
me ronda
la
sensación 
de que,
con
el tiempo,
recordaré
mi viaje
a Londres
por el
disco
que
compré
una
librería
de
Charing Cross:
seis suites
de
cello
de
Bach
interpretadas
por
Pau Casals.
Un compositor
alemán
en manos
de
un músico
catalán:
I love
London.

lunes, 10 de octubre de 2016

De cabeza: Los géneros (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Los géneros


El Oviedo vive inmerso en un conflicto de géneros. No de géneros gramaticales. Tampoco de géneros futbolísticos. El Oviedo es víctima de un conflicto de géneros narrativos. Hasta el iletrado más recalcitrante habrá de admitir que la literatura determina muchos órdenes de la vida. Más allá de los libros, existimos en función de qué historia protagonizamos o formamos parte.
El pasado junio nos despedimos de una novela fantástica que derivó en un vodevil sin gracia (que es lo peor que le puede pasar a un vodevil). La temporada 2015 / 2016 se planteó enseguida como una búsqueda del paraíso; el éxodo a una tierra prometida  que, en su resolución, recurrió a un replicante torpe que ni siquiera supo buscarle épica a un decepcionante final. Cuando aún tratábamos de asumir la sucesión de acontecimientos, se presentó la nueva temporada bajo el signo de una novela realista. Y hay viajes que sólo apetece hacer en una dirección: ¿quién no quiere ir de la realidad a la fantasía? Ahora bien, al contrario ya no es tan agradable.
Recuerdo que Luis Landero, el novelista autor de "Juegos de la edad tardía", afirmó ante la inminencia de su segundo libro, y después del éxito de su debut, que ojalá pudiera publicar la tercera obra después de la primera. Si prescindimos de contextos y circunstancias, el regreso del Oviedo a la Segunda División fue un éxito en términos relativos: no dejábamos de ser unos debutantes siendo como éramos un equipo recién ascendido.
El domingo observaba al Numancia como un posible espejo en el que reflejarnos: un equipo ya tradicional de la división de plata que suele moverse por la zona media de la tabla acostumbrando a su afición a una confortable rutina. Tal vez sea esa rutina la segunda novela que jugadores e hinchas oviedistas nos negamos a escribir. A Landero no le quedó más remedio que publicarla y, a día de hoy, es una referencia de la literatura de este país. Pero hay ocasiones en que las páginas parecen escribirse solas o más bien irrumpe ese narrador implacable que se llama tiempo. La del campeonato de liga es una narración que no puede interrumpirse. Hemos salvado un punto contra el Numancia y su entrenador, Jagoba Arrasate, tiene la sensación de haber perdido tres. No diría yo tanto. Parece que al técnico vizcaíno le va la hipérbole. Considerará, como el Nobel García Márquez, que la literatura es exageración.
Ante el conflicto de géneros, una posible alternativa es aspirar a un equipo de autor. El equipo soriano lo es: juega bajo la firma  sutil y elegante del veterano Julio Álvarez: un futbolista que, desde mi punto de vista, mereció haber brillado más de lo que lo hizo en su carrera. En Oviedo soñamos con que Michu ponga su letra definitiva en nuestras páginas. Mientras tanto, no están mal ciertas rutinas: Toché sigue marcando.


                          Fernando Menéndez

domingo, 9 de octubre de 2016

De cabeza : La incredulidad (Originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


La incredulidad


Una de las razones de la buena salud del fútbol es su condición de religión. Pero cada creyente expresa su fervor o su escepticismo a su manera. La postura del entrenador, como la del jugador, es en principio una postura compleja: lo mismo creen en un proyecto que son admirados y seguidos por miles de devotos. Es raro  ser un profesional y mantener al mismo tiempo la candidez de la fe. Desde este punto de vista, el fútbol es una religión cada vez con más creyentes no practicantes. La fidelidad a unos colores corresponde casi en exclusiva a la grada. Casos como el de Francesco Totti, capitanísimo de la Roma, que acaba de cumplir cuarenta años sin haber abandonado nunca el club de sus amores, parecen más propios de un hincha que de un futbolista. Totti, a la luz del fútbol actual, es una especie de santo laico.
Lo que ayer era habitual, hoy es un milagro: ser fiel toda una vida a un mismo equipo. Totti es casi un santo pues su lealtad es prácticamente un prodigio.
Dijo Fernando Hierro tras perder contra el Reus que, si ahora dejamos de creer, estamos muertos. En la afirmación del entrenador azul hay, qué duda cabe, una profesión de fe. Sabedor como es por su dilatada experiencia que, en tiempos de tormenta, conviene no hacer mudanza. Los técnicos tienen una manera muy concreta de expresar su credulidad: ser constantes y perseverantes en la alineación que deciden domingo a domingo. No hay expresión de fe más cotidiana que poder citar al equipo titular de carrerilla. Los cambios continuos en el once de salida, más allá de la clásica justificación de rotaciones y descansos por un calendario apretado, son el síntoma de una creciente desconfianza que suele desembocar en una evidente incredulidad. En un campo ya histórico para la memoria azul, el Oviedo saltó a jugar contra el Cádiz en plena crisis de fe. En cuatro días escasos, Hierro modificó la alineación ostensiblemente con respecto al partido anterior. Cuando escuché que del equipo inicial se cayeron jugadores como David Fernández, Michu o Susaeta, busqué desesperadamente un rosario y un misal. Sin embargo, como ya saben ustedes, la supuesta crisis se convirtió enseguida en una fiesta. Es lo que tiene el fútbol: una vuelta al día en ochenta mundos, que diría Julio Cortázar. En realidad se trataba de algo mucho más sencillo: de adaptarse a las necesidades puntuales del encuentro y de contrarrestar las virtudes del rival. En cuanto a mí: no se fíen demasiado. Paso del fervor al ateísmo y viceversa con suma facilidad. Vamos, lo que se dice una oveja descarriada, un hijo pródigo, un alma en pena.


                                    Fernando Menéndez 

El apuntador: En Londres (V) Originariamente en La Escena

EL APUNTADOR: EN LONDRES (V)



Marta
le da
un beso
la estatua
de
Amy
Winehouse
que
hay
en Camden.
El suyo
es ese
tipo
de
gesto
espontáneo 
que
surge
de
una
entraña
que es
pura
brisa.
Así
se toma
las cosas
Marta:
con
la inocencia
que se
ha perdido
a
jirones
por los
viejos
destinos
del
mundo.
Hay algo
en Camden:
la posibilidad 
ambulante,
una abeja
que
sólo conoce
el momento
presente.
El entusiasmo
prende,
aunque
no 
es habitual,
de ahí
su
efecto
benéfico.
El entusiasmo
es
el álgebra 
de
quien carece
de
sospecha
previa.
Marta
se
entusiasma
con
muy poco:
es el tic
que
surge,
por ejemplo,
de un verso
de
Claudio
Rodríguez,
de
una canción
que
asciende
por
las venas
cuando
nadie
la espera.