miércoles, 15 de febrero de 2017

De cabeza: Sedentarismo (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Sedentarismo


El fútbol es un deporte lleno de paradojas. Un juego en el que, a menudo, se consigue lo contrario de lo que se pretende. Por ejemplo, blindar la portería y atrincherarse en defensa es tentar al rival a un constante allanamiento de morada. Dotar a tu domicilio de sofisticadas y aparatosas medidas de seguridad es un evidente reclamo  para los ladrones. A la vista de lo dicho, este Real Oviedo de comienzos de año da la impresión de ser un chalet de lujo o una imponente mansión. Custodiado por un exclusivo servicio de seguridad privada y un supuesto y complejo entramado de alarmas y cerraduras. De esta manera, el contrario podría pasar por ser un intruso cuando, en realidad, como hizo el Valladolid, lo único que intentó es ganar el partido teniendo la pelota.
En los equipos blindados se manda a una hora secreta a un delantero a marcar un gol como quien sale bajo una lluvia intensa, con nocturnidad y alevosía, a comprar una barra de pan y un cartón de leche para regresar a casa pitando. Y si después del gol, el hambre sigue, pues a aguantarse las ganas o, como mucho, pedir por teléfono una pizza o unas hamburguesas. Este es uno de los inconvenientes de los equipos que visitan poco el área rival: su dieta es hipercalórica, poco sana. El juego de ataque es al fútbol lo que la dieta mediterránea es a la salud. El Oviedo, de tanto jugar a la defensiva, corre el peligro del sedentarismo. Para mí, según pasan los minutos y el balón lo pierdes en cuanto te acercas a la línea del centro del campo, acabas viendo la portería contraria como en una televisión en 3D.
En el encuentro contra el equipo pucelano, los azules acabaron jugando con seis defensas. Ya sé que habrá mil argumentos técnicos y tácticos que se me escapan pero la ignorancia del aficionado, en ocasiones, es su nobleza: ¡seis defensas! El mensaje con la alineación que culminó el partido es un síntoma de desconfianza o de pequeñez. Y el Real Oviedo tiene, creo yo, más motivos  para ser confiado que para lo contrario y ,sin caer en grandonismos, tampoco es un club tan pequeño. A los futbolistas, sean centrales, mediocampistas o extremos, no se les puede reprochar nada: lucharon y pelearon hasta el final.
Como el propio Hierro recordó al concluir los noventa minutos: la actitud de los jugadores fue irreprochable.
La disposición en el terreno respondió mucho más, desde mi punto de vista, a decisiones del banquillo que a inercias del juego. De momento, de entre todos los entrenadores que Fernando Hierro conoció en su brillante y dilatada carrera como futbolista, el que más mella le está haciendo es Javier Clemente en su etapa de seleccionador nacional.
Sólo como un velado homenaje puedo entender lo del pasado sábado contra el Valladolid. Un velado homenaje a un lejano quince de junio de 1996: Eurocopa de Inglaterra, España se enfrentaba a la Francia de Zidane. Para la ocasión, el de Baracaldo puso seis defensas en el once inicial: López, Alkorta, Abelardo, Hierro, Sergi y Otero.
Puedo imaginarme la respuesta de Clemente: - lo que quieras, pero empatamos contra Francia.
En fin, el Oviedo ha sumado tres puntos y ha vuelto a los puestos de promoción. Y yo sólo soy un tipo al que le encantan las habladurías.


                   Fernando Menéndez

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