lunes, 20 de marzo de 2017

De cabeza: Las Evidencias (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Las evidencias


De las evidencias no suele hablarse precisamente por ser evidencias. El silencio e incluso el olvido en torno a ellas es la consecuencia de que lo dado por hecho no es motivo de preocupación. Se quejaba Albert Camus de una sociedad en la que se solemniza lo obvio y no le faltaba razón. Sin embargo, con el paso del tiempo, el mundo ha girado de tal forma que la evidencia se ha transformado en añoranza.
Las certezas en el fútbol no son muchas pero son importantes. De todas ellas hay dos que prefiero por encima de otras: los partidos hay que jugarlos y al fútbol se juega con un balón. Ustedes dirán que eso ya se sabía, pero no estoy yo tan seguro. Que sin esférico no hay fútbol lo comprendió muy bien Alfredo Di Stéfano, cuyas memorias son un canto de gratitud a la pelota: "Gracias, vieja". Pero los insondables caminos de este deporte son capaces de llevar la contraria a una leyenda. Vivimos una época en la que se elogia el juego sin balón y la pericia para anular al rival. Antes, estas dos circunstancias podían ser dos consecuencias puntuales, nunca un objetivo. Se confunde la acción con el carácter. La respuesta con la pregunta. Mantener la portería a cero era un punto de partida, no de llegada. Y así andamos, elogiando la resta y no la suma. Resulta que a quien posee la pelota le corresponde la capacidad de decidir. Comulgamos con un fútbol de espectadores en el que hay equipos que trasladan la grada delante de su meta, mientras persiguen sombras y tratan de tapar dos veces un mismo hueco.
Si algo tuvo de atractiva la reacción del Oviedo en la segunda parte contra el Reus (independientemente de las llamadas a rebato y de las broncas motivadoras) fue su compromiso con el balón. La triangulación, las paredes y el juego al primer toque son los principios de una geometría tan antigua como el propio fútbol. Cierto que se presionó al contrario con más eficacia, pero la presión no es una seña de identidad, sino el camino más corto para recuperar la posesión.
Renunciar al elemento clave del juego es confiar tu suerte a supersticiones y estados de ánimo. Preguntaba una vez Ángel Cappa a sus futbolistas si sabían lo que significaba ganar como sea. Ninguno supo qué responder. Sólo se gana de una manera: a través del balón.
Las crónicas ponen el acento sobre la incidencia de los nuevos fichajes en el Oviedo. Costas, por ser un central que trata de salir con el balón jugado. Berjón, porque la pide al pie y no rehuye el regate (esa forma decididamente romántica de tomarle cariño a la pelota) y Borja Domínguez por intuir que, con el balón en las botas, a veces es preferible vestirse despacio si se tiene prisa.
Con respecto a la otra certeza escogida: los partidos hay que jugarlos, sólo cabe decir dos cosas: ni obviedades ni olvidos. 


                Fernando Menéndez

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