martes, 30 de mayo de 2017

De cabeza: La educación (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


La educación 


La educación en el fútbol radica en la diferencia que existe entre ser un futbolista y ser un jugador. El futbolista tiene una visión panorámica de las cosas; el jugador es incapaz de salir de su primer plano y mirar por el rabillo del ojo. Para ser futbolista no es necesario triunfar. Triunfar, lo que se dice triunfar, como dijo aquel viejo escritor, es poder escribir un nuevo libro. Ni siquiera publicarlo. Un triunfador, por ejemplo, es Manu García, el futbolista que ha sido imprescindible para su equipo, el Alavés, desde la remota Segunda B hasta la Primera División. Y en nada jugará una final de la Copa del Rey.
Echo de menos futbolistas y me sobran jugadores. Cuando escribimos y hablamos usamos ambos términos como si fueran sinónimos y cometemos un error al hacerlo así. Las alegrías y las salidas de urgencia siempre se encuentran en los matices y en la distancia que separa a dos palabras aparentemente similares reside la posibilidad de reencontrar el relato apropiado. El Oviedo volvió a mostrar en Tarragona dos caras, esto ya no es noticia. Sí lo fueron los cambios en la alineación que saltó al campo y la incorporación como titular del uruguayo Carlitos, quien, ante el desplome de la segunda parte, resumió el asunto como una falta de valentía. No sé cuántos partidos más jugará de titular Carlitos, tampoco sé por qué no los jugó antes. Me temo que pasará por Oviedo como una exhalación y, salvo los más memoriosos, nadie hablará de él cuando no esté. Sin embargo, al referirse a la falta de valentía, en realidad está hablando de falta de educación. Ser educados no sólo es respetar al rival y las reglas del juego (esto debería darse por supuesto), también es saber lo que quieres y pelear por ello. Al fútbol se juega con la historia y los anhelos y esta concatenación de malos resultados y falta de recursos deja demasiadas sospechas en el aire.
La afición sabe de sobra lo que es el oviedismo, es su educación. Empiezo a no tenerlo  tan claro con los jugadores. Y no estoy dudando de su profesionalidad.
Lo que me pregunto es si en alguna ocasión se habrán parado a pensar lo que distingue a un jugador de un futbolista. Hacerlo sería el comienzo de algo. No sé muy bien de qué, pero al menos nos libraría de vivir tantos finales prematuros.



                           Fernando Menéndez

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