martes, 9 de mayo de 2017

De cabeza: Los porteros (originariamente en La Nueva España)

DE CABEZA


Los porteros


Acuciado por algún que otro verso suelto y por la contundencia de los títulos, para el Oviedo, abril ha sido el mes más cruel. Cuando conviene que las distancias se estiren, se contraen cada vez más, hasta el punto de hallarse fuera de los puestos de promoción. Cierto que las plazas que dan la vía a un posible ascenso indirecto están más atestadas que el camarote de los hermanos Marx. Pero en el fútbol, como casi todo en la vida, no conviene dejar las tareas para última hora. El Levante ya es equipo de primera con seis jornadas de ventaja. El equipo valenciano entendió desde el primer partido que es preferible no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. La tranquilidad que debe de dar ascender siendo líder indiscutible, avanzando con paso firme; encaramándose desde los primeros compases a lo más alto de la clasificación, sólo con algún que otro tropiezo inherente a los lances del juego.
Soy de los que piensa que un equipo ha de aspirar a subir como lo ha hecho el Levante: sin espacio para las probabilidades ni los arrepentimientos.
Si a lo largo de la temporada he modulado en estos artículos un escepticismo levemente optimista, ahora ya soy pasto de la melancolía: me asaltan escenas olvidadas y repetidas tantas veces. Me entrego a la evidencia un tanto fatalista con la que el poeta Cesare Pavese tituló su excepcional diario: "El oficio de vivir". El animal que llevo dentro me habla de creer y pelear hasta el final pero en mi cabeza se impone el desánimo. Soy un ser escindido que ya piensa en la próxima temporada como la del asalto definitivo. Soy alguien que hace listas de posibles fichajes y descartes, un aficionado previsor que no confía en vivir al límite. Ya veremos lo que nos deparará el futuro inmediato. La paradoja de todo esto es que nada me gustaría más que quedar en evidencia, que lo escrito fuese papel mojado. Sin embargo, mayo no llega para hacer sitio a las sensaciones. Solo tiene hueco para los resultados.
En esas listas de las que hablo apunto el nombre del guardameta y pienso que, ocurra lo que ocurra, no se puede achacar a él ninguna de nuestras limitaciones. Es tan excepcional el puesto de portero, que lo mejor para un equipo es que se hable lo mínimo de él. En el Ciudad de Valencia Juan Carlos fue clave para que no volviésemos a nuestra funesta costumbre de las goleadas. Tan peculiar es jugar de portero que las voces se alzan mucho más con los errores que con los aciertos. La vida de un portero es huir constantemente del fracaso. Solitarios en medio de la multitud, no tienen derecho a dudar. Sus paradas se consideran más una obligación que una fiesta. Abril es el mes más cruel. Que nadie me tome por un tipo banal: Camuel, uno de los porteros más recordados y queridos por el oviedismo, acaba de dejarnos. Eché de menos unos brazaletes negros en los brazos de los jugadores azules el pasado sábado. El cariño de la memoria requiere a veces un  efecto inmediato.



                  Fernando Menéndez

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